Aunque Naciones Unidas atraviesa una situación financiera delicada, también está encontrando espacios para reorganizarse, priorizar mejor y trabajar con más eficiencia. La realidad es compleja, pero está lejos de ser irreversible. Muchos Estados miembros y órganos internos están actuando para evitar que esta crisis impacte en el trabajo esencial de la organización, incluido aquel que protege los derechos y el bienestar de las personas mayores en todo el mundo.
¿Qué está ocurriendo?
En los últimos años, varios países han retrasado el pago de sus cuotas obligatorias. Esto hizo que la ONU cerrara 2025 con 1.560 millones de dólares pendientes de cobro, a lo que se suma la devolución obligatoria de unos 300 millones en créditos no utilizados, que afecta directamente la liquidez disponible.
Estas tensiones obligaron a reducir el presupuesto ordinario de 2026 y a recortar gastos administrativos y de personal. Sin embargo, los ajustes se han concentrado en áreas internas, protegiendo los programas esenciales que sostienen derechos, apoyo humanitario y desarrollo comunitario.
¿Qué se está haciendo para corregir el rumbo?
La Quinta Comisión, responsable del presupuesto y las cuestiones administrativas, está jugando un papel clave para sostener la estabilidad.
Este órgano está:
- Reordenando prioridades y ajustando calendarios.
- Fortaleciendo los mecanismos de control y planificación.
- Recordando a los Estados que el pago puntual de las cuotas es una responsabilidad compartida indispensable para mantener el trabajo de la organización.
Además, más de 150 países sí cumplieron con sus contribuciones en 2025, mostrando un compromiso global significativo que puede ayudar a revertir la situación si se mantiene el esfuerzo colectivo.
¿Por qué podemos mantener el optimismo?
Hay señales importantes que muestran que el sistema sigue respondiendo:
- La ONU sigue funcionando: sus misiones, agencias y programas clave continúan operativos.
- Los recortes no han afectado el trabajo humanitario y de desarrollo, ni las tareas de mantenimiento de la paz.
- La crisis ha generado mayor conciencia sobre la importancia del pago puntual de las cuotas.
- La organización cuenta con mecanismos financieros flexibles y ha demostrado capacidad para adaptarse en momentos de presión.
El debate internacional abierto en torno a esta situación está ayudando a mejorar la transparencia sobre deudas, animar a los países a regularizar pagos y reforzar la urgencia de garantizar una financiación estable para no dejar a nadie atrás.
¿Qué puede pasar ahora
Si los Estados continúan realizando sus aportes —incluidos aquellos con deudas significativas— la ONU podrá recuperar la liquidez necesaria para operar con normalidad. El marco de supervisión de la Quinta Comisión permite decisiones ordenadas, basadas en datos y orientadas a proteger lo esencial.
Además, muchas de las medidas adoptadas —revisión de gastos, modernización administrativa, más rendición de cuentas— no solo responden a la coyuntura actual: pueden fortalecer la institución a largo plazo y garantizar que siga cumpliendo su mandato, especialmente para las personas y comunidades más vulneradas.
En resumen
Sí, la ONU enfrenta una crisis financiera importante.
Pero también hay razones para la esperanza: los mecanismos internos funcionan, muchos países mantienen su compromiso y este momento está impulsando cambios que pueden hacer a la organización más eficiente, más estable y más enfocada en las personas.
La clave ahora es sostener este impulso y que los Estados cumplan con sus obligaciones a tiempo. De ello depende que la ONU pueda seguir protegiendo derechos, salvando vidas y apoyando a quienes más lo necesitan, incluidas las personas mayores en todo el mundo.



