En los últimos tiempos se ha instalado con fuerza en las tertulias y en los titulares un relato preocupante: la idea de que los jóvenes y los mayores en España viven en un conflicto permanente. Se nos dice que los primeros culpan a los segundos de la falta de vivienda y la precariedad, mientras que los mayores ven con recelo las demandas de las nuevas generaciones.
¿Qué hay de real en esto? Si rascamos un poco la superficie y escuchamos debates profundos, como el celebrado por la Sección de Derechos Civiles del Ateneo de Madrid, nos damos cuenta de que este supuesto conflicto no es más que un mito.
A continuación, analizamos las reflexiones de los ponentes y por qué la alianza entre generaciones es más necesaria que nunca.
1. Contexto histórico y nuevos retos: La apertura del acto
El evento fue presentado e inaugurado por Paquita Sauquillo, presidenta de la Sección de Derechos Civiles del Ateneo de Madrid. En su intervención, contextualizó cómo han cambiado los retos del siglo XX al siglo XXI para las nuevas generaciones:
«Nosotros, cuando estábamos en la universidad, éramos pocos universitarios; ahora sois muchos, con muchísimos idiomas y formación, pero tenéis problemas que no teníamos entonces: la falta de trabajo o malas condiciones, y el problema de la vivienda».
Sauquillo matizó que la generación mayor tiene el deber de apoyar a los jóvenes aportando «memoria e historia» para evitar tener una sociedad crispada.
En la misma mesa, Lázaro González García, expresidente de la PMP (Plataforma de Mayores y Pensionistas) y miembro del Grupo de debate Fernández Martos, intervino para recordar con nostalgia los años 60, cuando el Ateneo era un hervidero de universitarios de clase obrera que venían a estudiar porque en sus casas no tenían facilidades, poniendo en valor los espacios de resistencia compartidos.
2. El mito del conflicto y la manipulación del relato
La ponencia principal contó con la intervención de Isabel Martínez Lozano, periodista, presidenta de la Fundación HelpAge International España y exsecretaria general de Políticas Sociales. Fue tajante al responder a la pregunta del evento: el conflicto intergeneracional, como tal, no existe.
«Yo no veo que exista ese conflicto. Todo lo contrario, veo generaciones que se ayudan mutuamente y que tienen mucho más en común que de diferencia. Cuando hago charlas sobre edadismo, veo que los sentimientos que mueven a actuar a los jóvenes y a los mayores son prácticamente idénticos: les preocupa la familia, salir, relacionarse con amigos y tener actividades culturales».
Para Martínez Lozano, la idea de la fractura nace de un «relato malintencionado» que busca alimentar una sociedad del agravio («yo no tengo dinero porque tú cobras mucho»), en lugar de buscar soluciones estructurales a los problemas reales.
3. El capitalismo de producción y la precariedad juvenil
Dando voz a la perspectiva de la juventud, el debate contó con las ponencias de Belén Guirao Segrelles (Secretaria General de RUGE-UGT) y de Pau García Orrit (Secretario Confederal de Juventud de CCOO). En sus turnos de palabra, se puso el foco en cómo el sistema económico actual margina a ambos grupos de edad por igual al medir el valor de las personas según sus etapas de producción:
«Todo gira en torno a las edades de producción que quiere el capitalismo. Las que nos situamos en los márgenes y no servimos a este sistema económico, se nos sitúa en esos márgenes y no se nos deja participar en los espacios públicos con los mismos derechos. Nos afectan las mismas cosas».
Asimismo, denunciaron la condescendencia con la que muchas veces se trata a la juventud cuando protesta por la situación del alquiler o la imposibilidad de emanciparse, diciéndoles de forma paternalista que «no se quejen tanto» porque es algo «por lo que todos han pasado».
4. Vivienda y el futuro del activismo: El cierre institucional
Hacia el final del encuentro, una de las ponentes con responsabilidades institucionales intervino de manera concisa para abordar la problemática habitacional del país, rechazando que las iniciativas aisladas sean la solución definitiva:
«La solución para la clase trabajadora de este país no va a ser montar cooperativas… La solución, para empezar, es regular el mercado del Estado. Hay que intervenirlo».
El acto concluyó con una llamada a la movilización ciudadana (haciendo referencia a las manifestaciones por la vivienda convocadas) y una firme defensa de la juventud. El encargado de clausurar la mesa resumió el sentir general del encuentro criticando con dureza a los tertulianos que intentan instalar el mantra de que la juventud actual es apática o inherentemente de derechas:
«A mí me duele mucho que se esté creando la falsa idea de que la juventud no se ocupa. Yo, por lo que conozco a la juventud —y soy viejo—, confío todavía en ella como instrumento de cambio».
Conclusión: Alianzas en lugar de brechas
Como bien se apuntó en las conclusiones del Ateneo, el activismo antiedadista actual debe mirarse en el espejo del feminismo del siglo XX: un movimiento que no solo luchó por un colectivo, sino por dejar un modelo de sociedad mejor para todo el mundo. La solución no pasa por enfrentar a los precarios con los jubilados, sino por garantizar que los jóvenes tengan las oportunidades que merecen y los mayores una vida digna.



