35 años de independencia: ucranianos mayores reflexionan sobre sus vidas, sus pérdidas y su esperanza en el futuro
Hace 35 años, en 1991, Ucrania se convirtió en un país independiente. Desde entonces, las personas mayores de Ucrania han vivido cambios profundos. Han formado familias, desarrollado carreras profesionales, se han jubilado, han cuidado de sus seres queridos, han experimentado pérdidas y se han adaptado a nuevas realidades. Para muchas de ellas, la guerra también ha supuesto desplazamiento y separación de su hogar.
Sin embargo, a través de todos estos cambios, muchas han conservado lo que más importa: su familia, su comunidad, su sentido de propósito y su esperanza en un futuro de paz.
Con motivo del 35.º aniversario de la independencia de Ucrania, HelpAge International pidió a personas mayores que reflexionaran sobre tres preguntas: ¿qué ha cambiado en los últimos 35 años?, ¿qué ha permanecido igual? y ¿cómo esperan que sea Ucrania dentro de otros 35 años?
Sus respuestas son más que recuerdos: son las historias de una generación que ha vivido la independencia de Ucrania y que sigue dando forma a su futuro.
«He dedicado toda mi vida a ayudar a la gente, y sigo haciéndolo hoy»
Liudmyla tiene 84 años y ha vivido en Leópolis (Lviv) durante más de la mitad de su vida. Hace 35 años tenía 49 y, según sus propias palabras, estaba «en la plenitud de mi vida».
En 1991 trabajaba como dirigente sindical, ayudando a los trabajadores en cuestiones sociales, de salud, de bienestar y de derechos laborales. En casa, su hijo mayor acababa de casarse, y ella y su marido esperaban la llegada de su primer nieto.
Había amigos, grupos comunitarios y asociaciones. La vida era intensa y estaba llena de posibilidades.
Cuando Ucrania declaró su independencia en 1991, Liudmyla se encontraba visitando a sus padres en Rusia.
«Fue aterrador e inquietante, porque en Rusia acababa de comenzar un golpe de Estado. Ni siquiera estábamos seguros de poder volver a Ucrania».
A ese periodo le siguieron los difíciles años noventa, pero Liudmyla asegura que nunca dejó de creer en el futuro de Ucrania.
«Siempre creímos que Ucrania llegaría a ser un país próspero. Tiene una naturaleza hermosa, muchos recursos y gente trabajadora.»
A lo largo de los 35 años siguientes ocurrieron muchos cambios. Liudmyla se convirtió en abuela de cuatro nietos. Trabajó hasta los 67 años y finalmente se jubiló. También perdió a su marido, apenas unos meses antes de que cumplieran sus bodas de diamante.
Recuerda con especial cariño sus últimos años juntos.
«Nos volvimos aún más cercanos que cuando éramos jóvenes. Los dos estábamos jubilados, los hijos ya habían crecido y teníamos tiempo el uno para el otro. Caminábamos de la mano, leíamos, salíamos a pasear y soñábamos con construir una casa de campo donde pudieran reunirse nuestros hijos y nietos».
Hoy, Liudmyla sigue ayudando a quienes la rodean. Asiste a una vecina de edad avanzada cuyo hijo adulto tiene una discapacidad, y le lleva alimentos de su huerto, repostería casera y ropa.
«He dedicado toda mi vida a ayudar a la gente, y sigo haciéndolo hoy».
Sus propias esperanzas están marcadas por la guerra.
«Sueño con que los misiles dejen de sobrevolar las ciudades ucranianas, con que la gente deje de morir y con que se respete y proteja cada vida humana».
Y al pensar en los próximos 35 años, imagina un país reconstruido en paz:
«Quiero que Ucrania se recupere y resurja de las ruinas de esta guerra sin sentido. Quiero que nuestra fértil tierra negra siga alimentando no solo a Ucrania, sino a medio mundo. Quiero que vuelva a haber cielos en paz sobre nuestro país.»
«¡Las ganas de vivir!»
Tetiana tiene 65 años. Hace 35 años vivía en Sievierodonetsk y trabajaba como economista en una empresa industrial. Sus sueños eran sencillos: estabilidad económica, viajar y tener buena salud.
En aquella época, afirma, rara vez pensaba en lo que Ucrania significaba para ella.
«Simplemente vivía mi vida y nunca pensé demasiado en ello, hasta que empezó la guerra en 2014».
Hoy, Tetiana ha sido desplazada en dos ocasiones y vive en Járkov. Su vida ha cambiado radicalmente. Durante la guerra sufrió una herida por una explosión, pasó por una larga recuperación y perdió la vista, que solo ha podido recuperar en parte.
Cuando se le pregunta qué ha permanecido igual en los últimos 35 años, su respuesta es sencilla:
«¡Las ganas de vivir! Y quiero vivir aquí, en Ucrania. Me invitaron a ir a Alemania, pero de algún modo me siento más en paz en mi casa».
Hace 35 años, Tetiana soñaba con viajar. Hoy sueña con la paz y con la buena salud.
Para los próximos 35 años, desea que Ucrania se convierta en un país más fuerte y desarrollado, donde las personas mayores puedan vivir con dignidad y tener acceso a la atención sanitaria que necesitan.
«Deseo de verdad que mejoren los ingresos de la gente, que se atienda con dignidad a las personas mayores y que la sanidad sea realmente accesible. Creo que Ucrania llegará a ser un Estado desarrollado y fuerte. Somos capaces de lograrlo.»
«Los tiempos fueron duros, pero Ucrania no fue débil»
Liubov tiene 82 años y es originaria de la región de Járkov. Trabajó como ordeñadora durante toda su vida laboral.
«Empecé nada más terminar la escuela, a los 17 años, y trabajé con vacas y terneros toda mi vida».
Hace 35 años, cuenta, estaba centrada en el trabajo y en la crianza de sus hijos.
«En realidad nunca tuve tiempo para pensar en qué tipo de Ucrania quería ver. Tenía que trabajar y criar a mis hijos. Los tiempos fueron duros, pero Ucrania no fue débil. Treinta y cinco años de independencia no son mucho tiempo. Me gustaría que Ucrania siguiera siendo siempre independiente.»
Hoy, Liubov vive en una residencia colectiva en Járkov tras haber sido evacuada de su pueblo.
La guerra es lo que más ha cambiado su vida.
«Llegó la guerra. Eso es lo que más ha cambiado mi vida».
Sin embargo, su amor por Ucrania y por su tierra natal permanece intacto.
«Quiero volver a casa y ver a mis amigos del pueblo. Sueño con poder seguir trabajando en mi huerto».
Sus esperanzas para los próximos 35 años se basan en la paz y la dignidad:
«Ante todo, necesitamos paz. Con la paz llegará un mayor nivel de vida y mejores pensiones. Me gustaría que el Estado no se olvidara de las personas mayores».
Para Liubov, volver a casa significa mucho más que regresar a un lugar. Significa reencontrarse con su comunidad y con la vida que tenía antes de la guerra.
«Creo que la guerra terminará pronto y que Ucrania se recuperará»
Vasyl nació en la ciudad de Snizhne, en la región de Donetsk, y trabajó allí toda su vida como taxista. Hoy tiene 72 años y vive en Petrykivka, en la región de Dnipropetrovsk, desde 2014, cuando comenzó el conflicto armado en el este de Ucrania.
Vasyl considera a sus hijos el mayor logro de los últimos 35 años. Asegura que heredaron su notable facilidad para memorizar e idiomas.
«Mi hija vive en Cambridge, en el Reino Unido; mi nieta estudia en una universidad local, y mi hijo vive y trabaja en Ucrania para una empresa suiza. Habla inglés, alemán y francés».
Otra cosa que ha permanecido intacta es su amor por la literatura y los idiomas. Aún hoy puede pasarse horas citando a escritores, incluida la recitación de memoria de las descripciones que Nikolái Gógol hizo de la estepa ucraniana.
El mayor desafío de sus últimos años fue el cambio radical que trajo la guerra después de que cumpliera 60 años. Perdió su casa y la vida que había conocido hasta entonces.
Hoy trata de centrarse en el presente y apreciar las pequeñas cosas que todavía le producen alegría.
«Intento no pensar en las enfermedades y los problemas, sino disfrutar de las pequeñas cosas: las flores del jardín, la oportunidad de ir al río con mi mujer, simplemente estar juntos. Soy optimista y amante de la vida. Creo que la guerra terminará pronto, que Ucrania se recuperará y que volveremos a casa.»
Su historia también sirve como recordatorio de que el desplazamiento y la pérdida no borran los intereses, los talentos ni la identidad de una persona.
«Quiero que mis hijos y mis nietos no tengan miedo del mañana»
Viktoriia tiene 60 años y ha pasado la mayor parte de su vida en Kramatorsk, la ciudad ligada a su hogar, su familia, sus amistades y sus recuerdos.
Hace 35 años, cuenta, tanto ella como Ucrania estaban empezando una nueva etapa.
«Era joven, trabajaba en una empresa de construcción de maquinaria y estaba formando una familia. En aquel momento no podía imaginar todo lo que sucedería a lo largo de esos años. Parecía que tenía toda una vida por delante».
Durante esos años, sus hijos crecieron, nacieron sus nietos y el país cambió.
Después, la guerra obligó a Viktoriia a abandonar su hogar y empezar de nuevo en Dnipró.
«En estos 35 años ha cambiado mucho: el país, las ciudades, la tecnología y la forma en que vive la gente. Los hijos han crecido, han nacido los nietos, ha habido momentos de alegría y momentos difíciles. Lo más duro fue asumir que el lugar al que había llamado hogar durante tantos años ahora quedaba lejos. Pero me dije a mí misma: lo importante es que estamos vivos. Y eso significa que hay que seguir viviendo.»
La experiencia del desplazamiento también cambió lo que el hogar significa para ella.
«Antes pensaba que el hogar era un piso, una calle, una ciudad. Ahora entiendo que el hogar es, sobre todo, la gente que te rodea, la gente a la que quieres».
Sus esperanzas para los próximos 35 años se centran en las próximas generaciones.
«Quiero que mis hijos y mis nietos vivan en un país en paz. No quiero que tengan que pasar por lo que ha vivido nuestra generación. Quiero que puedan hacer planes, trabajar, viajar y, simplemente, no tener miedo de lo que traerá el mañana».
Para Viktoriia, reconstruir no consiste solo en restaurar casas y ciudades, sino en recuperar la posibilidad de tener un futuro normal.
«La memoria no es solo recordar; es nuestra responsabilidad»
Raisa tiene 67 años. Pertenece a una generación que no conoció los cambios del país a través de los libros de texto, sino a través de su propia vida.
Sus años escolares, su formación, su primer empleo y toda su vida profesional transcurrieron en la región de Dnipropetrovsk. Cuando Ucrania se independizó, Raisa dirigía el centro de servicios domésticos «Svitanok», un trabajo centrado en las personas, sus necesidades cotidianas y su confianza.
Recuerda aquellos años con cariño:
«Nos apoyábamos unos a otros. No había mucho, pero había sinceridad».
La independencia de Ucrania trajo consigo la esperanza de un nuevo comienzo.
«Parecía que por delante solo había luz y paz».
Pero el país, como la vida de sus habitantes, atravesó cambios, crisis, avances y pérdidas.
Hoy, Raisa dirige la organización pública «Unión de Chernóbil de Ucrania». Ayuda a personas con discapacidad y a personas afectadas por el desastre de Chernóbil, y organiza encuentros y mesas redondas con representantes del Gobierno.
Para ella, este trabajo va más allá de la responsabilidad profesional.
«La memoria no es solo recordar; es nuestra responsabilidad».
La guerra ha sido el mayor desafío de todos. El miedo y la incertidumbre crecieron a partir de 2014 y, desde 2022, la guerra se ha convertido en una realidad cotidiana.
«La guerra es cuando no solo sientes miedo por ti mismo, sino por todos a la vez. La guerra no solo destruye hogares: pone a prueba el alma de las personas.»
A Raisa le preocupa especialmente que los jóvenes se marchen y que los pueblos se vacíen cada vez más. Sabe lo que significan la tierra, el trabajo y la comunidad, y lo estrechamente ligados que están al futuro de un país.
A pesar de todo, su fe permanece intacta.
«Deseo de verdad que la guerra termine».
Sueña con una Ucrania en paz, con mañanas sin alertas aéreas, con pueblos que vuelven a la vida, con niños que crecen sin miedo y con una tierra que vuelva a dar sustento a la gente.
Sus esperanzas hablan en nombre de toda una generación: personas que han recorrido los 35 años de historia de Ucrania con sus cambios, sus pérdidas, su resiliencia y su esperanza.
«Mientras existan personas así, existirá Ucrania».
Vidas marcadas por el cambio
Estas historias ofrecen un vistazo de lo que han significado 35 años de independencia en la vida de las personas: cambio, pérdida, nuevos comienzos y esperanzas duraderas en el futuro.
Las personas mayores han vivido la historia de Ucrania. Y siguen dando forma a su futuro.
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