Una reflexión sobre la Cumbre del Clima COP26 de Glasgow

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Texto de Eduardo Klien, Representante Regional de HelpAge, Asia-Pacífico. Artículo original en inglés.

En la COP 26 se enfrentaron dos visiones opuestas del futuro. Fueron dos semanas de negociaciones y discusiones casi febriles, impulsadas por la comprensión de que el tiempo para actuar se estaba agotando y que una catástrofe para la humanidad está a la vuelta de la esquina.

Aunque casi todos los países mejoraron sus compromisos anteriores, la respuesta global fue frustrante e insuficiente. El mundo NO está en camino de reducir las emisiones en un 50% para 2030 ni de alcanzar las emisiones netas cero para 2050, como se acordó en París 2015. El tono de la declaración final -firmada por 196 países- no fue el redactado originalmente. India y China presionaron para que la declaración se debilitara.

La COP26 trató dos áreas principales: La adaptación y la mitigación. En ambas áreas se retrasaron decisiones duras y difíciles. No hubo victoria, pero tampoco derrota en Glasgow.

La adaptación significa preparar a las sociedades y las economías para gestionar el riesgo y minimizar los daños. Es una especie de estrategia a largo plazo de preparación o reducción del riesgo de catástrofes. La adaptación incluye, por ejemplo, la construcción de defensas contra las inundaciones, el desarrollo de cultivos resistentes a la sequía, la promoción de comunidades resistentes, la creación de sistemas para proteger a las personas en riesgo o la protección de los sistemas de comunicación contra las inclemencias del tiempo.

La pregunta en la COP26 fue “¿quién paga la adaptación?”. El Acuerdo de París de 2015 hizo una fuerte distinción entre las naciones desarrolladas y las que están en vías de desarrollo. Reclamaba la “equidad climática”, enunciando el principio de que las naciones desarrolladas -principales productoras del calentamiento global- debían financiar el coste de la adaptación de los países en desarrollo.

En 2009 se acordó que para 2020 se aportarían 100.000 millones de dólares para cubrir el coste de la adaptación en los países en desarrollo. Este compromiso estuvo lejos de cumplirse, y su consideración se pospuso hasta la reunión de la COP28 en los Emiratos Árabes Unidos en 2023, cuando se dispondría de 200.000 millones de dólares al año para financiar la adaptación en los países afectados. Pero hay que desentrañar muchos detalles antes de que esto ocurra.

Por otro lado, la mitigación es el núcleo de la acción climática y en Glasgow se dieron algunos pasos positivos. 130 países de todo el mundo se comprometieron a acabar con la deforestación y a reducir las emisiones de metano en un 30% para el año 2030. Cada país presentó su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), que es la expresión de su compromiso de reducir las emisiones e intensificar la adaptación.

Otro problema es que las NDC no son vinculantes y su aplicación se deja en manos de cada país. Todos y nadie son responsables.

Esta es quizás la mayor montaña que hay que escalar: ¿Qué hay que hacer para que las NDC sean relevantes y se apliquen? ¿Cómo hacer que las NDC sean vinculantes? Esto requeriría:

a) Un acuerdo global a nivel de la ONU.

b) Un organismo de control y sanción a nivel mundial.

c) Una capacidad de seguimiento en cada país con un fuerte compromiso de la sociedad civil, capaz de hacer que los gobiernos y las empresas rindan cuentas.

Entonces, ¿está la humanidad condenada o hay motivos para ser optimistas? ¿Es todo fatalidad y pesimismo? ¿Podemos permitirnos no ser optimistas? ¿Habría huido David de luchar contra el poderoso Goliat?

Hay motivos para ser ligeramente optimistas…

  • Hay una enorme expansión de la conciencia de que el planeta está alcanzando un punto de inflexión de irreversibilidad y de que es necesaria una acción climática significativa. La COP26 puso de manifiesto que la próxima década será crucial.
  • Las NDC presentadas eran claramente insuficientes, tanto en adaptación como en mitigación. Todos tenían claro que no había tiempo que perder. En lugar de esperar otros cinco años para una cumbre similar, se acordó celebrar cumbres anuales. Todos los países tendrán que presentar sus objetivos de emisiones revisados en 2022, en la COP27, en Egipto. Se exigirán muchos más detalles sobre las NDC.
  • Los avances tecnológicos hacen que las energías renovables sean cada vez más rentables. Se trata de un campo en rápida expansión. En los próximos años se espera que el almacenamiento y la transmisión sin pérdidas de energía contribuyan a reducir aún más las emisiones.
  • El cambio climático se está convirtiendo en parte de la agenda de los gobiernos y los partidos políticos de la mayoría de los países. La intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos y repentinos es una prueba de que el cambio climático está ocurriendo. La priorización por parte de los gobiernos es el resultado del crecimiento de los movimientos y organizaciones de la sociedad civil, organizaciones religiosas, comunidades y partidos políticos que abogan, exigen y luchan por la acción climática
  • Los acuerdos sobre el metano y la reforestación alcanzados en Glasgow indican una voluntad de actuar que no existía hace un año.
  • La COP28 se celebrará en Abu Dhabi (EAU) en 2023 y se centrará en la adaptación y en el cumplimiento de los compromisos financieros para apoyar a los países más afectados. Pero los países desarrollados tendrán que “mostrar el dinero” que necesitan los países en riesgo.

¿Qué significa esto para las personas mayores y sus organizaciones?

Aunque la acción climática desafía los límites generacionales, hay cuestiones específicas que pueden tener un impacto distinto en las personas mayores y sus organizaciones.

A nivel global, debemos:

  • Eliminar la creencia de que las generaciones mayores son indiferentes, o incluso se oponen, a la acción climática.
  • Comunicar ampliamente -gritando en todas las direcciones- las particularidades de las personas mayores, ya que, por un lado, se ven afectadas de forma desproporcionada y, por otro, constituyen un enorme recurso de sabiduría, capacidad y empeño en la acción climática.
  • Comprender mejor y actuar sobre las conexiones e intersecciones entre el envejecimiento de la población y el cambio climático: comportamientos económicos, incluidos los patrones de consumo, los comportamientos alimentarios, el uso de la energía, el transporte de las poblaciones que envejecen, analizando las formas de promover un consumo y un uso de la energía respetuosos con el clima.
  • Poder económico y uso de la renta disponible respetuoso con el clima.
  • Influir en la desinversión en industrias de combustibles fósiles de los fondos de pensiones.

A nivel nacional, podemos:

  • Comprender las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) de nuestro país y abogar (movilizar) por su mejora, supervisando activamente su aplicación, especialmente en los países con grandes emisiones
  • Trabajar con las personas mayores y jóvenes que participan en los movimientos de protección del medio ambiente y acción climática, fomentando la colaboración con otras organizaciones.
  • Promover la participación de las personas mayores en la protección medioambiental de la comunidad y en las actividades relacionadas con el calentamiento global.
  • Participar activamente en los esfuerzos de adaptación para minimizar el impacto negativo del calentamiento global y los fenómenos meteorológicos extremos, asegurando que las personas mayores estén en el ámbito de todas las acciones preventivas.

Texto de Eduardo Klien, Representante Regional de HelpAge, Asia-Pacífico. Lee el artículo original en inglés en la web de HelpAge International.

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