Día Mundial de la Alimentación: La lucha silenciosa de las personas mayores ante la inseguridad alimentaria

En el último año, múltiples y frecuentes crisis, el conflicto en Ucrania, las secuelas de la pandemia de COVID-19, el aumento de los precios de los alimentos y los fenómenos meteorológicos extremos provocados por el cambio climático, han agravado los riesgos para la seguridad alimentaria y nutricional en todo el mundo.

Una buena nutrición es crucial para todos, pero a medida que envejecemos, es cuando aumenta el riesgo de padecer desnutrición. La falta de acceso a alimentos nutritivos puede tener consecuencias no sólo para la salud y el bienestar general de las personas mayores, sino también para sus familias, dado el papel de cuidadores que suelen tener las personas mayores, en particular las mujeres mayores.  

En 2022, 2.400 millones de personas en todo el mundo (casi el 30% de la población mundial) experimentaban diversos grados de inseguridad alimentaria, «al carecer de acceso a alimentos nutritivos, seguros y suficientes», según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). 

Y las cosas no mejoran. En 2023 con la continua inestabilidad, los conflictos en todo el mundo, la guerra en Ucrania, la incertidumbre en los mercados mundiales, el cambio climático y los altos niveles de inflación de los precios internos de los alimentos. 

Riesgos para las personas mayores exacerbados por las crisis globales 

En un informe publicado por HelpAge en abril de 2023, «La situación solo ha ido empeorando», nuestro estudio sobre el impacto de la crisis alimentaria, energética y financiera en diez países de ingresos bajos y medios de América Latina, África Subsahariana, Oriente Medio y Asia puso de relieve lo susceptibles que son las personas mayores a los drásticos aumentos del precio de los alimentos. 

El estudio arroja luz sobre la forma en que la lucha por la alimentación está afectando a las personas mayores en todo el mundo. Muchos no pueden satisfacer sus necesidades alimentarias básicas y tienen dificultades para ir al mercado a comprar alimentos y en el caso de los que reciben ayuda humanitaria, para llegar a los puntos de distribución de alimentos. 

De forma alarmante, la investigación demostró que la mayoría de las personas mayores se saltan comidas, reducen la cantidad que comen o consumen alimentos más baratos para salir adelante. 

Como dijo un hombre mayor de Malawi: «Hemos reducido el número de veces que comemos al día. Solíamos comer tres veces al día, pero ahora comemos dos veces, a veces una y lo que es peor, a veces no comemos nada». Asimismo, la investigación llevada a cabo para el informe reveló que la necesidad de alimentos de muchas personas mayores puede ser despriorizada por sus familias en favor de la alimentación de los miembros más jóvenes de la familia, mientras que otros pueden renunciar a su parte de comida para que otros puedan comer.

Respuestas inadecuadas a la necesidad de alimentos y nutrición

En los países afectados por conflictos y emergencias, la respuesta humanitaria suele pasar por alto las necesidades de las personas mayores y no se compromete con ellas para averiguar qué necesitan. El sistema suele dar prioridad a los niños y a las mujeres embarazadas o lactantes, mientras que se ignoran las necesidades nutricionales específicas de las personas mayores.

«La comida que me dan no es adecuada para alguien de mi edad. Así que, la mayoría de las veces, acabo dejando mi ración para mi familia, viéndoles comer», dijo un hombre de 81 años en Etiopía. 

Si existieran sistemas de protección social, proporcionarían una cierta seguridad de ingresos que permitiría a las personas mayores alimentarse por sí mismas. Pero esto sólo funciona si los pagos proporcionados por los sistemas de pensiones son suficientes para cubrir las necesidades básicas. 

El cambio que queremos ver

Si queremos abordar la necesidad de alimentos de las personas mayores, tenemos que:

  • Luchar por pensiones sociales universales garantizadas junto con sistemas de protección social más fuertes que no excluyan a las mujeres, que pueden haber pasado menos tiempo en trabajos tradicionales, y que puedan flexibilizarse en tiempos de crisis. 
  • Promover iniciativas y programas que apoyen la capacidad de las personas para ganarse la vida en la tercera edad, ya sea en zonas rurales o urbanas. 
  • A medida que el cambio climático genere más problemas en la cadena de suministro de alimentos, asegurarse de incluir las necesidades y experiencias específicas de las personas mayores en cualquier política que se desarrolle. 
  • Desarrollar respuestas a las crisis humanitarias que incluyan a las personas mayores y que tengan en cuenta el género y la discapacidad. 

HelpAge está llevando a cabo una investigación para comprender las barreras a la inclusión de las personas mayores en las respuestas humanitarias de nutrición y proporcionará recomendaciones para hacerlas más inclusivas.

Sabemos que la falta de alimentos amenaza la salud actual y futura de las personas mayores, pero también su resiliencia ante futuras crisis. Estos retos y riesgos son significativamente mayores para las mujeres mayores que para los hombres, debido a las desigualdades de género preexistentes y subyacentes. Pero esto no es sólo un problema para las personas mayores y los defensores de sus derechos, también puede tener efectos negativos más amplios en los hogares y las familias, dado el papel de la persona mayor en la familia y, en particular, las responsabilidades de cuidado de los niños que muchas mujeres mayores llevan. Esto puede y DEBE abordarse.

A medida que se acerca el Día Mundial de la Alimentación, debe crearse más espacio para escuchar las voces y experiencias directas de las personas mayores, y que las luchas, a menudo silenciosas, para acceder a alimentos de calidad y en cantidad adecuadas, a pesar de su contribución a la producción de alimentos para sus comunidades y el mundo, sean más ampliamente reconocidas. Se trata de un paso fundamental para emprender acciones colectivas encaminadas a crear un mundo con seguridad alimentaria que «no deje a nadie atrás». Y sólo mediante un enfoque integrador podremos alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible de crear un mundo sin hambre para 2030.

¿No es hora de que todo el mundo reconozca los riesgos a los que se enfrentan las personas mayores y se actúe para evitar que pasen hambre?

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